sábado, 29 de diciembre de 2007

¿Crecer o Desarrollarse?

Crecer o Desarrollarse
De regreso a casa leí los otros días una frase que me hizo pensar... Un ex-presidente Argentino entre otras críticas en contra de la recientemente electa presidenta Cristina Kirchner disparaba: "No alcanza con crecer hay que desarrollarse". Obviamente su comentario estaba lleno de un énfasis político que no es nuestro tema, pero en cuanto leí esa frase, supe que iba a ser el tema para el próximo post. A veces Dios usa los medios más insólitos para hablarnos -tal vez él te hable por medio de este blog.
Qué gran verdad, la principal dieferencia entre una y otra palabra radica en que crecer no implica el desarrollarse. Podría terminar este post y ya habrías entendido el mensaje ¿no es cierto? Pero... por las dudas voy a terminarlo!!
Hace algún tiempo me encontré con un hombre que me comentó que tenía una hija con un pequeño desorden genético. Este desorden causó que su cuerpo crezca normalmente a la par de su edad biológica, pero su mente no ha podido desarrollarse al mismo paso. Con una edad de 20 años biológicos su mente tiene una madurez de apenas 5, con el agravante que no tiene la capacidad de seguir aprendiendo. La mente llega a un punto en el cual ya no avanza más. Este papá me mostró una foto de la beba/joven y aunque uno veia una jovencita común y corriente, él me contaba que ella no tiene la capacidad de controlar su cuerpo por lo cual usa pañales desechables, no tiene la capacidad de comunicarse por lo cual es muy difícil determinar qué le sucede en una situación dada; en el caso de ella, un caso casi único, aprendió a succionar, por lo cual la alimentación no es tan compleja como en otros de los pocos casos conocidos. Todo esto provocado por un desorden genético que no tiene corrección.
Crecer o Madurar... esa es la cuestión... ¿qué escogeremos? Influenciados por este mundo, tendemos a "exaltar" lo que crece, sin darle mucho valor a su desarrollo. Casi podríamos acuñar una frase que distingue estos tiempos: «cuanto más, mejor». Cuanto más actividades, cuanto más cantidad de personas, cuanto más dinero... más espiritual.
Sin embargo hay una historia que Jesús cuenta y que nos deja perplejos porque, como suele suceder, descubrimos que sus parámetros son tan distintos a los nuestros. En el libro de Mateo capítulo 7 versículo 21, él nos muestra una preocupante realidad, su primer frase es: "No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos" Ouch! Eso sí que duele!!! ¿No es suficiente con llamarle Señor? ¿No es suficente con creer en su existencia? Entonces ¿quién entrará al reino de los cielos? "el que hace la voluntad de mi Padre". Pero para nuestra sorpresa esta situación se va a poner aún más incómoda todabía; Jesús prosigue diciendo "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad."
Qué palabra tan reveladora... Nosotros diríamos: "Ahhh ¿ustedes han echado demonios, han hecho muchos milagros? Por favor disculpen seguramente alguno de nuestros servidores se ha equivocado... es imposible que no estén en esta lista ¿no?", o tal vez siendo un poco más "cursi": "Ohhhh, ustedes son los que han echado demonios y han hecho muchos milagros!!!! Ohhhh, por favor no me firmarían mi Biblia!!!!".
Tal vez, el hecho de vivir en este mundo nos ha contagiado algunos de sus patrones, en un mundo regido por el rating
Creo que cada uno de nosotros deberíamos auto-cuestionarnos y decirnos: "¿He crecido o me he desarrollado?". La niña que comencé contándote no tuvo elección, simplemente nació con ese desorden. Pero nosotros hoy podemos elegir entre crecer y desarrollarnos. Desarrollarnos implicará, indefectiblemente crecer; lamentablemente lo inverso no es posible.
Desarrollarnos implicará dejar de ocuparnos de la obra del Señor para ocuparnos del Señor de la obra, frase hecha si se quiere, pero que ilustra perfectamente el sentido que hemos invertido en nuestras prioridades. Si has prestado atención notarás que el Señor no está reprendiendo a borrachos perdidos, ni a drogadictos, ni a prostitutas, ni a satanistas, etc. Jesús está hablando con personas que habían predicado el evangelio, que habían servido a Dios, que profesaban su fe en el Mesías.
Jesús remata la frase diciendo "nunca os conocí". ¿Será que la falta de cercanía nos conduce por caminos indebidos? ¿Será que la falta de conocimiento nos aleja de los propósitos de Dios? Cuánto necesitamos conocer a Dios, conocer su corazón, conocer sus planes para nuestra vida para no andar por otros caminos... No importa cuán buena sea la obra que estés haciendo, lo que importa es si el Señor te llamó a hacerla. Dios ha hecho planes para tu vida y niebtras que no camines en esos planes lo que hagas caerá en "saco roto".
Qué te parece si nos proponemos conocer más lo que Él quiere para nosotros, lo que Él tiene para nosotros, para que en aquel día nos diga: "Buen siervo y fiel..."
. Evaluamos por el crecimiento y no por el desarrollo...

jueves, 27 de diciembre de 2007

¿Envase o Contenido?

¿Envase o Contenido?

Algo que tenemos que reconocer como hombres es que por más buena voluntad que pongamos en determinadas tareas, no hay caso... no son para nosotros. Una de estas tareas se descubre a la hora de buscar. Buscar cualquier cosa, desde una herramienta hasta las medias que nos sacamos la noche anterior. Por algún designio de la naturaleza los hombres tenemos un gran problema al momento de intentar encontrar algo. Podemos pasar cerca del objeto de nuestra búsqueda infinidad de veces, pero da la sensación que fueran invisibles a nuestros ojos. Es entonces cuando recurrimos a nuestras esposas quienes, conociéndonos, nos preguntan si ya buscamos "ahí", a lo cual nosotros casi ofendidos respondemos que obviamente ya buscamos "ahí". Mientras este diálogo se produce ellas, inmutables, se dirigen ante nuestros ojos para encontrar el objeto tan preciado justamente "ahí" donde nosotros habíamos pasado un millón de veces...! Con una mezcla de sensaciones en nuestro interior simplemente recibimos nuestros "gran tesoro" sin decir -en la mayoría de los casos- una sola palabra.
¿Te pasó alguna vez esto? Seguramente. Qué gran problema tenemos al momento de encontrar algo. En nuestra vida espiritual nos sucede lo mismo. Lo esencial parece, muchas veces, invisible a nuestros ojos. Y a veces no es falta de búsqueda sino, y si se puede usar el término, falta de encuentros.
Leyendo y pensando en el libro de los Hechos en el capítulo uno a partir del verso seis, Jesús está junto con todos sus seguidores prácticamente con un pie en el cielo, a punto de irse. ¿Te imaginás la secuencia?
Yo me imagino a sus discípulos con una sonrisita nerviosa, acercándose al Mesías y preguntándole «¿cuándo restaurarás a Israel?». Es interesante entender esta pregunta. Esta pregunta está basada en el pensamiento bíblico de lo que el Mesías tenía que realizar para ser considerado Mesías; entre otras tareas, y según las antiguas profecías, el Ungido de Dios tenía que traer liberación completa a Israel, tenía que restaurar la Paz y eliminar a todos los enemigos de su pueblo. Cosas que aparentemente no habían sucedido hasta ese momento. Creo que la pregunta era casi desesperada... "Señor te estás llendo a los cielos, y la verdad estamos agradecidos por todo lo que has hecho, y ni hablar de la resurección... estuvo todo muy bonito... pero... ¿cuándo vamos a ver que aplastes a nuestros enemigos?". Lo que sus discípulos no pudieron ver en ese preciso momento fue que Jesús había ya destruído al enemigo de sus almas exhibiéndolo públicamente y triunfando sobre ellos en la cruz. No pudieron verlo.
Al pensar sobre esto me doy cuenta que toda la Biblia es una acumulación de esperas desesparadas y de búsquedas sin encuentros: Un Rey que nace en un establo, una mujer que busca agua y termina llevándose la salvación eterna, un profeta que espera a su Dios en el fuego, en el terremoto o en el trueno y sin embargo ese Dios se muestra en un silvo apasible.

La pregunta sería: ¿dónde está el punto, en el buscado o en el buscador? Como buscadores necesitamos refinar nuestros criterios para lograr menos búsquedas y más encuentros.

No soy conocedor en su totalidad de los principios que rigen el marketing y las ventas, pero se que hay algo que se llama "identificación de la marca", y que se relaciona con la importancia de que el cliente o comprador pueda identificar de forma clara el producto, que lo reconozca a primera vista. En nuestro país, Argentina, por ejemplo una de las marcas líderes en comercializar el cloro diluído para uso doméstico ha tenido históricamente sus envases en color amarillo y verde; dado el crecimiento que tuvo este producto y la buena recepción por parte del público, las nuevas marcas de menor reconocimiento empezaron a lanzar al mercado sus productos en envases prácticamente iguales al ya mencionado ¿por qué? Porque en la mente del comprador el agua lavandina viene en envase amarillo con tapa verde... Ahora, ¿qué sucedería si por algún motivo se cambiara el color o tipo de envase? Muy probablemente muchos de nosotros -hombres- no encontraríamos un envase de lavandina aún estando en medio de un deposito de cloro...

Estamos acostumbrados a dejarnos llevar más por el envase que por el contenido. Cuando lo que buscamos no viene en el envase que lo esperábamos lo dejamos pasar de largo.

Algo así le sucedió a los religiosos del tiempo de Jesús. Cuando el Señor estuvo en Jerusalén en lo que sería su última visita, él lloró por la ciudad y habló de las consecuencias que vivirían por no conocer el tiempo de Su visitación (Lucas 19.44). El problema de los religiosos de aquel tiempo no fue por falta de búsqueda, sino por estar buscando algo diferente de lo que Dios tenía preparado para ellos. Era más importante el envase que el contenido, esperaban a un Rey con superpoderes sobre un caballo blanco en lugar de un hombre manso y humilde de corazón.

Hoy en día vivimos la misma historia, le decimos a Dios cómo tiene que revelarse y cuáles son las formas de manifestarse en nuestras vidas. Si no lo hace como lo esperamos decimos: "eso no es de Dios". El problema es que corremos el riesgo que corrieron los Fariseos de aquella época, perder el tiempo de SU visitación.

Que Dios nos de sabiduría para, en este tiempo, poder «ver» a Aquel que dejó su trono en los cielos para caminar en medio nuestro. Tal vez el "envase" en el que llegue a tu vida no sea el que quieras o esperes, pero si por un momento podemos dejar de exigir una manifestación conforme a nuestro pensamiento, tal vez encontremos que su renuevo, que su lluvia, que su bendición está mucho más cerca de lo que tú y yo creemos.