Amarás a tu Prójimo Como a Ti Mismo
«Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.
Si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: "Siéntate tú aquí, en buen lugar", y decís al pobre: "Quédate tú allí de pie", o "Siéntate aquí en el suelo", ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que lo aman?
Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la Ley suprema, conforme a la Escritura: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado y quedáis convictos por la Ley como transgresores, porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos, pues el que dijo: "No cometerás adulterio", también ha dicho: "No matarás". Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la Ley. Así hablad y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad, porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no haga misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.» Santiago 2.1-13
Los primeros versículos de este capítulo nos hablan del clásico de todos los tiempos: pobres versus ricos y viceversa. Nos deja ver entre otras cosas (para nuestro alivio) que el dilema entre unos y otros no es una cuestión de estos tiempos sino de toda la historia. De hecho tiene una raíz espiritual que nos lleva al mismo corazón de satanás: se relaciona con la altivez. El origen del adversario de Dios se remonta hasta antes de la creación del hombre y la Biblia dice que el pensamiento en el corazón de este ser fue «subiré y seré semejante al Altísimo» (Is. 14.14).
El hacer acepción de personas va más allá de una diferencia social tiene que ver con un pensamiento que se siembra en el corazón y da como fruto soberbia y altivez, cosas contra las cuales Dios habla expresa y ampliamente a lo largo de toda la Biblia, dos versículos al respecto que no se puede dejar de mencionar son: «Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos» (Sal. 138.6) y «Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu» (Pro 16:18). La Palabra es más que clara al respecto... que el Señor nos ayude a mantener nuestros corazones en humildad!!!
En el versículo 6, Santiago nos deja ver prácticamente una ironía, él está hablando de aquellos que "aman" a los ricos y de pronto les dice... ¿no son estos mismos ricos los que los oprimen? Dicho de una forma más exacta Jesús lo definió de la siguiente manera «todo aquel que hace pecado esclavo es del pecado» (Jn 8.34). La ironía tiene que ver con amar aquello que nos daña, que nos oprime; defender lo que nos condena y esto se debe a que en realidad somos esclavos de una ley espiritual superior que nos lleva a seguir lo que no nos conviene y nos encontramos inconscientemente sirviendo a nuestro opresor... en palabras de Santiago hasta le preparamos el primer lugar y le damos la silla más cómoda de la casa. Todo esto se debe a que hemos transgredido una Ley suprema (vs.8), y al transgredir esta ley de Dios nos convertimos en pecadores, en esclavos del pecado. Lo cual nos lleva al próximo punto: cualquiera que guarda toda la Ley pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos (vs.10)...Cuántas veces nos dejamos llevar por la evidente de nuestros pecados; si es más o menos es público, si es peor o ¿mejor? Cuántas veces oímos (o decimos): «pero yo por lo menos no hago lo que hace tal y tal». Por lo general una frase de este tipo se encuentra dentro de un discurso donde intentamos justificar nuestras acciones en comparación con otra persona que, por lo general, resulta ser más transgresora que nosotros. Dentro de este contexto Santiago nos quiere decir: «Muchachos... no es posible ser un buen adorador, ser un buen predicador, hacerse el santulón o el moralista si por el otro lado despreciamos al prójimo». El verso 11 se encarga de aclararnos «si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la Ley», nótese que ley está con mayúscula lo cual enfatiza la referencia a la Ley de Dios. Lamentablemente hay una generación de nuestros hijos que crecieron escuchando una cosa y viendo otra, ¿el resultado? Una generación incrédula y reacia al mover de Dios ¿Por qué? Porque escucharon a un pastor que los defraudó, porque escucharon a un líder que los engañó, porque escucharon de boca de sus padres lo "malo" que era aquello que ellos mismos hacían. En nuestro país, hay una gran cantidad de personas que ha escuchado el evangelio de Dios, y sin embargo han visto lo miserable del hombre, esto los ha conducido lejos del Salvador, por este motivo el versículo 12 es tan enfático al decir: «Así hablad y así haced». Que Dios nos ayude a ser una generación que camine en integridad: que hagamos lo que hablamos y que hablemos lo que hacemos. Nuevamente se nos habla de una ley espiritual la ley de libertad, una ley que nos da la libertad para hacer lo que queramos, pero sabiendo que vamos a ser juzgados por ello... «todo me es lícito...pero no todo me conviene» (1Co. 10.23).
Por último y para cerrar el tema Santiago vuelve al tema central y nos habla de la misericordia a través de un juego de palabras... a aquel que no tenga misericordia se le aplicará un juicio sin misericordia porque la misericordia triunfa sobre el juicio... nuevamente palabras de Jesús «Dad y se os dará [...] porque con la medida con la que medís, os volverán a medir» (Luc. 6.38). No podemos esperar recibir aquello que no damos, no podemos cosechar si no hemos sembrado. Volvamos a recordar aquella vieja Ley Suprema: amarás a tu prójimo como a ti mismo; tal vez empecemos a recibir mucho de lo que esperamos tener pero que no estamos dando.
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